Para saber lo que pasa por aquí...

¿Qué pasa con los puertos?

No hace falta ser muy mayor para recordar la barca abarrotada de gente entre el Parrote y Santa Cristina. Aquello formaba un conjunto verdaderamente formidable: sol, verano, mar, sardinas… prácticamente insuperable.

Hoy, el muelle de Santa Cristina ha sido sustituido por un par de escolleras.

La razón «científica» era que los cambios en las corrientes y las mareas provocados por el muelle de Oza, amarre pesquero que antes estaba en la Palloza; podrían afectar a la duna de Santa Cristina y a la Playa.

El resultado es que la duna y la playa difícilmente podrían estar peor. La destrucción del viejo muelle no ha servido para nada salvo para no estar como están, a día de hoy, todos los demás.

Hay que ser un pelín mayor para recordar algún tipo de actividad en el muelle de Santa Cruz; que no sea el paseo, el baño y el sol.

En Santa Cruz hubo actividad pesquera y también lancha de pasaje con A Coruña; pero todo eso fue abandonado hace muchísimos años.

Hace un par de años, el muelle se tragó, literalmente, una motobomba… La pobre máquina acudió a sacar los lodos de un pozo negro que da servicio a los socorristas, los baños y las duchas de los bañistas en verano; y terminó siendo izada por los aires con una grua de Eiriz.

Ahora encadenamos el 3º mes de ciclogénesis explosivas en formato tren… algo nunca visto (o sí… pero con otro nombre) y el siguiente en caer ha sido el puerto de Mera.

Mera aún aguanta cierta actividad pesquera y marinera y tuvo, como los demás, lanchas de pasaje con A Coruña. Pero como puerto pesquero, hace años que es económicamente inviable.

Aguantó como un campeón, pero el carnaval tenía reservada cita con «Cristina», la borrasca que provocó un agujero primero por la cara exterior y luego por la interior… evidenciando el vacío fantasmagórico de las entrañas del espolón. Su visión pone a las claras que la única opción posible, si en lo que se piensa es en la seguridad de la gente, es su derribo inmediato.

¿Cómo se ha podido llegar a este estado de abandono?

En un país en el que se dilapidaron millones y millones en paseos marítimos con tranvías, bolitas subeybaja y carriles bici… ¿cómo es posible que los puertos hayan llegado a estar como están?

Y lo que es más importante y ya es un debate que hemos lanzado varias veces: ¿Hay esperanza? ¿Cuanto puede costar su reparación? ¿Puede plantearse esa reparación de acuerdo a los beneficios que reporta su explotación «tradicional»? ¿o es necesaria cierta innovación también en esa tipología de eplotación que haga rentable esa reparación?

Y es que estamos hablando de la relación de un pueblo, de sus gentes, con el mar…

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