Para saber lo que pasa por aquí...

Vermellenses

Dicen que cuando se busca un actor hay que buscar dentro de uno mismo.

Los mejores añaden que “cuando se encuentran” se dan cuenta de lo mucho que tienen aún que aprender, pero lo más importante, lo más largo, lo que lleva más tiempo ya está hecho.

El pasado viernes, sobre las tablas del García Márquez de Mera; varios pudieron encontrarse a sí mismos.

Otros, los que ya se habían encontrado antes, ya tienen un poquito más aprendido.

Los demás, los que estábamos sentados en el patio de butacas recibimos una muy buena lección.

Me comentaba Ramiro Neira, uno de los dos responsables de esto junto con Jorge Díez, que es mucho trabajo para una sóla actuación. Que intentarían encontrar en dónde hacer más; aunque sea sólo para pulir de nuevo la obra. Además, siempre hay alguien a quien le sale mejor y alguien a quien le sale peor. Es lógico; pero para esas personas, es una desilusión.

Ya conocía la mecánica de esto. Una obra creada por pura improvisación y de “¿y si..?” a lo largo de mucho tiempo.

No hay libreto. No hay diálogos aprendidos. No hay guión. Tan sólo una línea y un objetivo. Lo que vimos ayer es una selección de las mejores escenas que han preparado durante esos meses. Seguro que hay más. Seguro que tendrían para la segunda parte y la “precuela”.

Con la vejez y la juventud como hilo conductor y los dimes y diretes de un pueblo pequeño como excusa; actores y sillas.

El tiempo lo dice todo: nueve meses de ensayos en As Torres de Santa Cruz que llevaron, además, a construir la obra.

Es un plazo muy humano. Las semanas y los meses tienen que ver con la luna. Los años con el sol. Los trimestres con las estaciones (y con Hacienda). Pero cuando son esos nueve meses (3 trimestres, 37 semanas, 3/4 de año) se convierte en el plazo estándar para hacer algo en este mundo que realmente valga la pena.

Si tardas menos porque tardas menos. Si tardas más porque tardas demasiado. Nueve meses es lo justo.

Hasta eso forma parte del hilo.

Y tras ver a esta gente sales pensando: ¿de verdad que para los mayores este mundo es demasiado complicado? ¿o es que son los jóvenes los que no pueden ver la sencillez del mundo hasta hacerse mayores?

Si una obra (del arte que sea) te hace pensar en cosas como esta es que realmente está bien. Y ese era el comentario general. Poco más se puede pedir a un teatro aficionado que no lo parezca. Fue una sesión de Teatro de verdad, del que se disfruta pocas veces.

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